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sábado, 26 de septiembre de 2015

FUTURO PRESENTE 7- UN NÁUFRAGO


UN NÁUFRAGO

 Lo encontramos flotando en una cápsula de escape, en una de las órbitas altas de Urano. Quizá llevaba unos 200 años a la deriva; un viajero preso en un pequeño mundo de aluminio y titanio solitario, muerto entre gritos de amor y llanto. Un cadáver flotando en el silencio.

 Tenía consigo una libreta. Esto es lo que decía:

“Lamento no poder cumplir mi última promesa. Moriré aquí arriba, o abajo, no distingo. Hoy debía casarme contigo pero moriré pronto. Lo siento. Tú y yo sabemos que en este instante estamos juntos de la mano, aunque nadie mas lo sepa.

 Te escribo entre las estrellas un adiós y cuando las mires me leerás aunque no quieras.”

   Aquel hombre llevó el amor hasta un sector del universo que no lo conocía. Un náufrago, que en el oscuro mar sideral de tristezas, ahogó su pena entre pedazos de luz de estrellas. Murió su ternura orbitando un amor desolado.  

 El amor es mas hermoso cuando se anhela.

 Nadie ama tanto, como aquel que ama aquello que le han robado.







FUTURO PRESENTE 6- DE LA LUNA A LA TIERRA


DE LA LUNA A LA TIERRA


 Habían ido a buscar Helio 3, y de paso a amarse un rato, durante una larga noche, como esas noches del espacio. El extractor estaba instalado y las máquinas harían el resto. Esos pequeños colosos metálicos, incansables en su labor, perforaban la superficie de la luna, ignorando calor y frío.

 Nadie iba a creer que fuera cierto, nadie aunque lo viera. Lo cierto era que se amaban y veían el uno en el otro la belleza de un planeta desconocido. Una ternura gravitacional los atraía a una colisión inevitable. Una unión casi cósmica, divina, luchando por hacerse real a la fuerza.

 No eran más que otro Pigmalión y Galatea, que allá lejos, entre estrellas fugaces, tenían un amor flotando en lo infinito. Un amor, el primero entre un humano y una cyborg; un amor que medía lo que había de la luna a la Tierra. Ida y vuelta. Miles de veces.

 No estaban en la Tierra.

 No tenían por qué seguir sus reglas.












FUTURO PRESENTE 5- LA SONRISA

LA SONRISA


 Un pequeño niño de metal y plástico, vagaba alegre en un mundo besado por recuerdos nucleares.  En su andar mecánico medio mordido por la sal, iba y venía entre ruinas de calles y edificios, donde hace mucho tiempo se había apagado ya el último suspiro humano. Iba y venía, mirando como a capricho del viento se movían las bolsas, botellas y papeles por el asfalto, simulando animales y pájaros lejanos de plástico, papel y vidrio.   

  Le llamaban la atención los espejos, y siempre que podía, se miraba, ya fuera en los vidrios rotos o algún metal pulido que encontraba en su camino. A este niño le gustaba buscar las cosas que su dueño amaba, pero casi siempre encontraba las menos. Buscaba sin hallar, flores que dieran alegría, amaneceres con sueño, unos minutos mas de vida… pero lo que mas le hacía ilusión encontrar era una sonrisa. 

 Flores había visto muchas, bailaba alrededor de ellas cuando las encontraba, a veces días enteros. Amaneceres había visto muchos, sin jamás sentir deseos de dormir. Minutos de vida no necesitaba, tenía la eternidad del plástico a su favor. En cambio , una sonrisa no podía sustituirla con nada. Quería tener una, quería tener algo que durase y pudiera llevar consigo.

  Una tarde mágica de un mundo deshabitado la vio. Brillaba una sonrisa como luna de plata, allá en la distante sombra de un edificio derrumbado y mordido por el tiempo. Su primer instinto fue saludarla. No obtuvo mas respuesta que la misma sonrisa. Se acercó a pasitos de deseo e infantil curiosidad, hasta quedar la sonrisa al alcance de sus manitos heladas.

 Extrajo la sonrisa desde donde se asomaba, examinándola, comparando su recién rescatado tesoro con las fotografías de su memoria.

 El niño sostiene la sonrisa entre sus manos acercándola a su pecho. Su corazón digital se acelera y gira sobre sí mismo en una algarabía electrónica.

 La mira a contraluz en el sol y la guarda en un bolso. Lo que había encontrado era un cráneo humano, que con su blancura y dientes sanos, le había hecho confundir una sonrisa con la mueca horrible de la muerte.


  Su inocencia de niño eléctrico, no le dejó ver que los sueños son mas reales cuando no se cumplen.





FUTURO PRESENTE 4- EL MAR

EL MAR


  Salí con mi hija a pescar como siempre, y de paso aprovechaba para estrechar con ella aquellos lazos que durarían toda la vida. Eran tiempos duros para el hombre en general, y más aun para quienes vivimos en el exterior. No importa. No necesito paraísos de plástico ni burbujas etéreas. No necesito ir a las estrellas para ver la belleza de una tierra en ruinas. Tengo a mi hija, mi mujer y me basta.

 Esa tarde íbamos en nuestro bote. Uno pequeño, pero  que jamás me había fallado en asegurar el pescado, que cambiaba por otras cosas con los pocos vecinos que había cerca. La humanidad en cada viaje a las estrellas perdía su humanidad.

  El mar había avanzado bastante, cubriendo buena parte del mundo habitado. Los polos se habían derretido entre caricias atómicas y susurros de cañones, dejando algunas angustias vivas y otras medio carbonizadas entre la chatarra, que cantaba el testimonio de que alguna vez el hombre fue el enemigo imaginario del hombre.

  Llevábamos varios peces ya, suficientes para un par de días, cuando mi pequeña me pide una manzana. Dejo mi caña y saco mi cuchillo para pelarla, cuando una pregunta tan simple y pequeña brota hermosa de su boca.

-¿Papá, qué es dios? La vecina siempre me dice que dios me cuida.

 No supe que decir. Hacía mucho que había dejado de creer en dios y mucho más que dios ya no creía en mí.

-Dios es quien nos da y quita…
-¿y dónde está?
-En todas partes.

 Le doy la manzana. La termina y me dice tan segura:

-Yo creo que dios es el mar.

 Me sonreí. No sé, hija mía, si lo tuyo es inocencia o sabiduría pura, pues tus palabras a los cinco años guardan mas cordura que 3500 años de ciencia.






FUTURO PRESENTE 3- LAS MANOS

LAS MANOS

  Unos dedos largos y finos, tecleaban con el éxtasis de un pianista sobre la consola frente a la pantalla, y en ese concierto binario de unos y ceros, tomaba forma una doble hélice, una maqueta de humano, el arquetipo con el que el homo sapiens buscaba rebajar la divinidad a la altura de la carne.

 Aquellos dedos se movían vertiginosos y precisos, atravesando la atmósfera eléctrica de las teclas casi a una velocidad de miedo, sin cometer absolutamente ningún error, con una motricidad fina que dejaría en ridículo a los escultores clásicos del renacimiento.  Se movían forzando un sueño, como un hada cósmica pronta a cumplir un deseo. Tecleaban formando un mundo, arrancándole trozos de vida a cada cálculo, concibiendo un ser humano sin amor de por medio. 

  Empezaba a tomar forma aquella parodia de Adán, y con su alma medida en exabytes, estaba ya pronto a dejar su forma matemática para pasar a las matrices de impresión genética. Pronto estaría en gestación dentro de un útero de acrílico, soñando su luminosa preexistencia dentro de las matemáticas abstractas necesarias para el cálculo genético.

 Las manos realizaban movimientos imposibles, rotando sobre muñecas de titanio, tecleando presas de una voluntad ajena. Ignorantes de sus acciones iban y venían automáticas de tecla en tecla, bajo la vigilancia de un ojo negro y convexo situado a la altura del rostro de un hombre.

 Un chirrido semejante a una palabra eléctrica, rasga la penumbra y el silencio. Una cantidad de "bips" como latidos, dan testimonio del alma de la máquina. Esas manos unidas a aquellos brazos metálicos, bailan una danza imposible para cualquier ser humano.

  Al fin estaba listo. Ese primer humano artificial era apto para la vida. Sólo restaba llevar su existencia fuera de los números. La obra estaba  completa y las manos empezarían la siguiente tarea. Sólo debían cambiar de dueño, conectarse a otro módulo de operaciones, máquinas cilíndricas semejantes a mayordomos mecánicos, quienes realizaban aquella preciosa labor de construir al hombre a partir de la nada.

 Eran los tiempos en que la humanidad se expandía , seducida por aquellos nuevos sueños que brotaban del infinito y profundo universo, burlando la muerte reduciéndose a números, expresando su alma en matemáticas abstractas.

 Debían enviar sus naves tripuladas con máquinas, y cuando estas detectaran alguna tierra prometida, ellas harían el milagro de recrear la vida.


 Era el momento. En un par de años alcanzarían un mundo habitable. Unas manos muertas, unidas a una máquina, estaban dando a luz a un ser humano. 





viernes, 25 de septiembre de 2015

FUTURO PRESENTE 2- LA GLORIA DE DIOS


LA GLORIA DE DIOS


 Flotaba entre las nubes como un espejismo, oníricamente distante y soberbia sobre la tierra, aquella colmena de edificios blancos como el alabastro, con rostros humanos tallados en sus costados, que miraban con falsa piedad el mundo bajo sus ojos. Era un cielo dentro de otro cielo, poblado por ángeles mecánicos y serafines humanos de cabellos claros.   

 En aquella isla perdida en el mar del cielo, cantaban canciones en idioma binario aquellas almas electrónicas encargadas de velar el cumplimiento de las leyes en la superficie. Un paraíso errante en el cielo, viajando sobre nubes de acero, flotando brillante a la diestra del sol.    
  
 En esa utopía, resaltaba una figura en los pasillos de la séptima cubierta. Iba de camino a su oficina, con pasos firmes y lentos, tarde como era costumbre, pero sin importarle. Claro, era la ventaja del ser el gerente, director y dueño de todo cuanto había, desde la cafetera hasta las lujosas estatuas del despacho.

 Era este prodigio volador, la empresa más ambiciosa del hombre, la más grande, la puerta hacia la llamada segunda edad de oro. Una ciudad fábrica, una planta refinadora de oxígeno totalmente autosustentable, cuyos procesos estaban controlados por inteligencia artificial y supervisados por clones de aspecto andrógino.

 Además de autosustentarse, debía administrar todos los recursos existentes de un planeta Tierra arruinado, además de velar por el sustento y comercio de las ciudades domo, aquellos diamantes semienterrados, semejantes a pequeños jardines del Edén, eran los principales compradores de toneladas y toneladas cúbicas de oxígeno, necesario para poder enviar sus navíos al infinito y mantener sus granjas de hidroponía.  

 No le importaban gran cosa sus clientes; de hecho, los consideraba no más que despojos, juguetes de su capricho en el mejor de los casos, sólo por una cuestión de orgullo y nada más que orgullo.

 Había algo particular en su situación, una pequeña contradicción casi como un chiste cruel. Aquellos que despreciaba por el sólo hecho de estar abajo, habían sido los que le habían elevado sobre las nubes. Lo sabía y no le importaba. Sonreía ocultando el veneno tras una mueca cordial mientras ignoraba los pedidos. De todas maneras era el único que vendía la solución a los problemas del mundo.

 Estaba solo, flotando mezquino en un palacio impecable, en esa unión cósmica entre el vacío de su alma y el profundo azul del cielo, sonriendo con un desprecio infinito como el espacio.

 Era un hombre maldito, un gerente brillante. Un megalómano en toda regla, un dios de medio pelo que, regocijándose en una miserable cuota de poder, en un paraíso metálico y brillante, mira con desdén infinito a la humanidad entera.  





FUTURO PRESENTE 1- LA GLORIA DEL HOMBRE


LA GLORIA DEL HOMBRE


 Brillaba a lo lejos, reflejando con prepotencia la luz del sol. Era un pequeño mundo de acero y plástico, en el que habitaban los hijos favoritos de dios. Un edén eléctrico sin hambre, un hogar hermoso, como el fragmento de una estrella.

 Era la segunda edad dorada del hombre; una edad cósmica que traía nuevos sueños a un sector casi vacío del universo. Una edad en la que el humano, como lucero errante sin destino, se mueve imitando las estrellas fugaces de un cielo que ni siquiera es digno de mirar.

 Ese pequeño paraíso artificial, no podía sino compararse a un olimpo digital, del que despegaban dioses en carrozas de acero y titanio, primero a moradas flotantes, colosales y cilíndricas allá en las luminosas manchas del cielo nocturno, para luego poner rumbo hacia mundos incalculablemente distantes.

 Desde la distancia, un niño pequeño contemplaba aquella cúpula como un segundo sol que amanecía al mismo tiempo que el real. Llevaba desde la madrugada con su madre,  cumpliendo la misma rutina de siempre. Con sus manos sucias, hace sombra en sus ojos, mientras contempla el despegue de un navío con las primeras luces del alba.

 Era simplemente hermoso, como un diamante impulsado por una columna de fuego.

 Su madre, quien recogía lo poco útil que podía hallar entre la basura, se acerca y resignada le dice:

 -Mira hijo. He ahí la gloria del hombre.

 Los hijos favoritos de dios sólo pasean por su cielo, sin asomarse jamás a la tierra, ni siquiera hoy.