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sábado, 10 de septiembre de 2016

CADÁVER EXQUISITO

CADÁVER EXQUISITO


Nota:
 Cadáver exquisito es un juego de palabras, por medio del cual, se crean maneras de sacar de una imagen muchas más. El resultado es conocido como un cadáver exquisito (cadavre exquis en francés). Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado "consecuencias" en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración.

 Se juega entre un grupo de personas que escriben o dibujan una composición en secuencia. Cada persona sólo puede ver el final de lo que escribió el jugador anterior. El nombre se deriva de una frase que surgió cuando fue jugado por primera vez en francés: « Le cadavre - exquis - boira - le vin - nouveau » (El cadáver exquisito beberá el vino nuevo
).

CADÁVER EXQUISITO

 La casualidad me hizo encontrarla por la calle, justo en el momento en que había olvidado que quise olvidarla. Verla otra vez, fue casi como leer un poema borrado casi por completo.

 Le invité un café y unos besos. El café con un muffin de nuez, en un boulevard que no importa, y los besos largos en mi casa, sólo para verla desordenar, vanidosa y presumida, su pelo entre los viejos libros de páginas amarillentas y aroma a vainilla que estaban entre nosotros.

 Pasábamos otra tarde juntos, alrededor de un par de copas de tinto, igual que cuando éramos estudiantes de letras y nos citábamos para jugar al “cadáver exquisito” durante un rato, y así, rimando poesía de vanguardia, nos íbamos sanando de los viejos amores y las viejas heridas antes que nos infectaran el futuro.

 Habiendo terminado tres juegos completos, mi aliento estallaba en su pelo. Su aroma se mezclaba con el de la tinta vieja de los añosos textos de mi escritorio. Mis libros se iban al piso, cayendo al delicioso ritmo de sus piernas. Quise ofrecerle mis sábanas y la noche entera para descansar.

 Una frase suya deformó el silencio entre nosotros. Una frase con la duración exacta de la última cena del condenado a muerte.

—Soy casada.

 Claro, como si decirme a la cara que redujo al tamaño de una aventura lo que sentía por ella, fuera la solución a los males del mundo.

 Culpa mía. Ella siempre armaba sus amores ideales con los pedazos que arrancaba de aquí y allá, no diferenciaba el amor de un rompecabezas.

 Ella, para mí, se había muerto justo en ese momento. Llegué a odiarla, es cierto, pero ese sentimiento de amor-odio —y todo lo que hay en medio de ambos—, me hizo querer, por cortesía, prepararle un café. No lo aceptó. Sólo quiso que le sirviera una copa de vino. Descorché la mejor botella que tenía.

 Brindamos, ella a mi salud y silencio. Yo brindé a la salud de aquella mujer muerta y sonriente que tenía en frente. Esa que siempre tuvo el amor desordenado.


 Con mi copa en alto hacia ella, no pude evitar sonreír; después de todo… el cadáver exquisito beberá el vino nuevo.





CINCO MINUTOS



CINCO MINUTOS

Resultado de imagen para madre e hijo recien nacido


 Lentamente avanzaba, moviéndose casi como humo entre las sillas opacas y la poca gente que se encontraba trabajando a esa hora en el lugar. Con pasos descalzos y firmes que iban haciendo un eco helado por la blanca cerámica del piso, un “cloc-cloc” seguido de otro, iba la muerte paseando por los pasillos del hospital rumbo al pabellón de recién nacidos, al ritmo de unas pisadas dueñas del sonido típico de un chocar de huesos, atendiendo a su tarea luctuosa con cruel eficiencia y sin distinción alguna.

 Es entonces cuando llega hasta el blanco dintel del pabellón, donde una joven madre se encuentra en labor de parto. Afuera de la sala, el nerviosismo del ir y venir de enfermeras preocupadas, le anticipaba que esta no sería una de las veces en las que se iría con sus huesudas manos vacías. Y entonces, envuelto en su harapienta mortaja negra, se queda parado en un rincón mientras que  va dibujando (si es que se puede llamar así a esa mueca) algo similar a una sonrisa en la blanca calavera que se mueve suavemente sobre sus hombros.

 El breve llanto de aquel bebé recién nacido da la señal de la partida. Una madre empieza a llorar al tiempo que el doctor llama con un grito al padre de la criatura. El esqueleto entra con su cascabeleo óseo, y paso a paso se acerca a la cama. Sin apuro. Sin demora. 

 Unos ojos llorosos color café claro, derraman sobre el bebé la más hermosa alegría triste mientras sus brazos forman una cuna por última vez. La muerte casi podría jurar, por cada uno de sus gastados huesos, que aquella mujer adivinó su presencia en aquel lugar.

Dame cinco minutos… sólo cinco minutos más… por favor…

 La muerte asintió con la cabeza de un modo suave, paternal y triste. Sólo eran cinco minutos, cinco y nada más.

 Un hombre entra al pabellón y la abraza. La besa a ella y al bebé durante cinco minutos exactos.

 Fue entonces que el ciclo de la vida se ajustó a su horario natural, mientras que, por debajo del raído sudario, una mano blanca y desafortunada, se alarga hasta la cama y coge lo que es suyo.


 Esa noche, la muerte salía del pabellón, con pasos suaves y una joven madre bajo su abrigo, mientras un doctor y dos enfermeras intentaban lo imposible por lograr lo contrario. 





jueves, 1 de septiembre de 2016

TÚ Y EL ESPACIO



TÚ Y EL ESPACIO


Dime si para ti el tiempo existe o no existe el tiempo,
Si el espacio es infinito o si el espacio entre espacios.
Dime si mi velocidad no basta para recorrerlo,    
O si las estrellas irradian poemas en binario.

Dime si este universo se toca con otro o no se toca,
Si acaso es el límite el vacío o el vacío te incomoda.
Dime si mirar mis ojos entre estrellas es tu placer furtivo,
O un festín de malos recuerdos que tu risa borra.

Dime si para ti mis manos existen o no existen mis manos,
O si viajas orbitando la paradoja de la gloria y el asco.
Dime el universo alterno donde juntos exploramos,   
O si en el próximo despegue exploro lo que quiero: tú y el espacio.







miércoles, 31 de agosto de 2016

PARA CONVENCERTE


PARA CONVENCERTE

Y ajusto mi noche al tamaño de tu noche,
Mientras colgamos estrellas en el cielo raso.
Te invito a romper las reglas y jugar despacio
Si te vuelves fuego, brasa y desorden.

Suelta tus viejos miedos y toma mi mano,
Deja tu vestido a un lado y arrópate con mi vista,
Relájate que estás más que lista
Y salta conmigo a la velocidad de tu salto.

Dime si para hacerte sentir segura
¿Acaso estas pobres líneas bastan?
Quizá ni el mejor poema alcanza
Para hacerme un puente a tu cintura.







MARIPOSAS FANTASMAS





MARIPOSAS FANTASMAS


Mariposas fantasmas

Vuelan en los estómagos

De aquellos que han muerto de amor.










jueves, 25 de agosto de 2016

LETRA Y SOMBRA

LETRA Y SOMBRA





Soy un narrador desechable, un verso que cruza la urbe violenta,
El susurro de cien brujas que van cortando el aire
Volando malditas en harapos envueltas.


Soy un animal temblando de frío, que se divierte cazando tormentas,
Una bestia que el viento no derrota ni lastima,
Como una palabra salvaje dicha en lengua muerta.


Soy el desencanto vivo que canta en prosa todos sus desengaños,
Y que, con la mano pesada y lúgubre
Escribe con humo los reales y los imaginarios.


Soy el alumno aventajado de la medianoche, el poeta desgraciado,
Un cadáver que aún vive aunque lo niegue,
Una canción de tumba con un coro de gusanos.


Soy aquel al que le corre rabia y tinta por las venas,
Un actor con la mirada infinita y medio nublada,
Que busca ser humano igual que un alma en pena.


Soy ese que vagando en las estrellas, perdió el rumbo y su buena suerte,
Soy lo que soy y a veces lo que dicen…
Soy letra y sombra, de aquí hasta mi muerte.


Y veo todo oscuro porque oscuros son mis ojos.








lunes, 30 de mayo de 2016

LA FELICIDAD EN UNA BOTELLA


LA FELICIDAD EN UNA BOTELLA   



          
 Nadie se hubiera esperado los hechos acaecidos durante la noche del pasado día de los muertos, pero conociéndolo a él y su modo tan lúgubremente romántico de ver las cosas, era algo que podía pasar. Lo cierto es que los más cercanos llegamos a comprenderle, ya que el dolor y la soledad velaban sus noches a los pies de su cama, casi como un centinela hecho de hambre y frio, casi como un diablo de la guarda.

 El singular personaje, a quien en su memoria escribo estas humildes líneas, es ni más ni menos que el viejo médico del pueblo. Un hombre de esos con los que es casi imposible no trabar amistad. Un hombre hecho mitad y mitad de ciencia y sueños.

 Había enviudado hacía un par de años, durante una epidemia, la vida de su esposa se había apagado entre la tos y la fiebre, yéndose de una manera triste y hermosa, casi como una flor que se marchita al ritmo de la tuberculosis, sin importar con cuantos mimos se la trate para no dejarla morir.

 En sus últimos días, el vacío de la ausencia le dejaba caer los golpes con todo el peso, maltratando carne y alma, dejándose sentir cuán grande era su tristeza. Era como si la suma de todos los años se le hubieran venido encima de un modo salvaje, y así, aplastado por una tonelada de sueños rotos, se dirigió hasta su estante para alcanzar con manos trémulas, una botella que decía “felicidad” en su etiqueta. Bebió un sorbito, sólo uno para calmar los nervios, como solía decir cuando bebíamos whisky algunas tardes mientras jugábamos a las cartas; sólo uno y la pequeña botella volvió a su sitio.

 Puso un poco de música en su viejo tocadiscos, un disco con valses gastados de tanto imaginarse bailándolos. Un disco tan gastado como él mismo. Una música que sonaba mágica, como un puente entre él y lo inalcanzable. Fue entonces que tomó papel y pluma, dejando un testimonio en breves letras de su última receta. Medio frasco de felicidad embotellada.

 Le subió el volumen a la música, y abrazado a un vestido de su difunta esposa, se bebió la felicidad de la botella. Cuando lo encontramos, estaba en medio de su salón, tirado junto al vestido, y en su cara se reflejaba la satisfacción de un reencuentro, mientras que en su acta de defunción se leía como causa de su deceso, intoxicación por láudano.

 Hoy, pasadas unas semanas ya de esto, hay quienes dicen que han visto una pareja bailando por las noches, al ritmo de un vals que suena en un mundo ajeno, con una alegría que hace burla de los fantasmas ordinarios.


 Dicen que quienes mueren de amor, no se van al cielo. Permítanme dudar de esto.